Alex Anfruns: asistimos al desplome de la arquitectura neocolonial de Francia

PASCUAL SERRANO

En los últimos años, tres países del África Occidental, en la región del Sahel, han vivido golpes de Estado con un denominador común: el levantamiento nacional y soberano contra Francia, su exmetropoli, todavía dominante de la economía, defensa y relaciones internacionales. Se trata de Malí, Burkina Faso y Níger. Allí, líderes militares han derrocado a gobernantes títeres de Francia y han instaurado gobiernos provisionales, pero que han iniciado contundentes procesos de soberanía que han provocado la indignación, sanciones y amenazas de intervención militar de las potencias occidentales.

En Mali un grupo de militares jóvenes proclaman un levantamiento en agosto de 2020 e instauran un gobierno de transición que cuestiona la presencia de las fuerzas francesas sobre el país. Diversos incumplimientos en esa transición provocaron un nuevo golpe en mayo de 2021, liderado por el hasta entonces vicepresidente Assimi Goita. El 21 de febrero de 2022, se enmendó la carta de transición para prolongar la duración de la transición por un período indefinido de hasta cinco años. Mientras tanto, el órgano legislativo que sustituye a la anterior Asamblea Nacional es el Consejo Nacional de Transición de Malí, donde se encuentran diferentes representantes de la sociedad militar y civil.

En Burkina Faso, el joven capitán Ibrahim Traoré toma el poder de forma interina el 6 de octubre de 2022, tras sustituir a otro militar, Paul-Henri Sandaogo Damiba, que llegó a la presidencia en enero de ese mismo año. Traoré participó en ese golpe de enero que derrocó al gobierno profrancés, pero posteriormente desplazó a Damiba por considerarlo incapaz de enfrentar al terrorismo yihadista. En febrero de 2023, el gobierno de Traoré expulsó de Burkina Faso a las fuerzas francesas

El último de los golpes de Estado fue el de Níger, el 23 de julio de 2023, cuando se depuso al presidente Mohamed Bazoum, próximo a los intereses franceses. Soldados de la Guardia Presidencial tomaron el poder, se proclamó jefe del Estado el general de brigada Abdourahamane Tchiani y presidente del Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria. Al mes de llegar al poder, la junta militar de Níger expulsó a los embajadores de Francia, Estados Unidos y Alemania en un solo movimiento. Burkina Faso y Mali apoyaron al gobierno de Níger y sus medidas contra Francia.

No es fácil lograr en Occidente una información rigurosa y libre de los intereses de las potencias europeas de esos acontecimientos. De ahí el valor de Alex Anfruns Millán al escribir el libro Níger: ¿otro golpe de estado… o la revolución panafricana?”. Aunque nacido en Cataluña, Anfruns ha estado viviendo a caballo entre Francia y el África francófona, las dos regiones protagonistas de las revoluciones en el Sahel. Durante cuatro años publicó el mensual Journal de l’Afrique y ha traducido y escrito sobre las guerras e intentos de golpe de Estado en Mali, Siria, Venezuela o Nicaragua, especializándose en África y América Latina. Actualmente es profesor en Casablanca e investiga sobre el derecho al desarrollo desde una perspectiva histórica panafricana.

Hablamos con Alex Anfruns sobre su libro y los acontecimientos en la región durante su paso por Barcelona

El pasado mes de julio, un grupo de militares derrocó al Gobierno de Níger e instauró un Gobierno de transición. ¿Qué crees que supone ese golpe para el país y la región?

El 26 de julio de 2023, un grupo de militares conocidos que forman parte de la Guardia presidencial de Níger toman el poder. Esa fecha es la culminación de un proceso de soberanía regional que ya comenzó en 2020 en un golpe de Estado en Mali, que luego hubo otro golpe en 2021, y en 2022 en Burkina Faso también.

Es decir, en el espacio de unos 3 años, tenemos una serie de golpes de Estado militar que contradicen la visión dominante que plantea que el lugar donde debe estar el Ejército es en los cuarteles, y que no tiene que implicarse en la vida política. En el caso de estos países africanos del Sahel, en África del Oeste, lo que sucede es que reaccionan ante una toma de conciencia progresiva del pueblo. Muchos pueblos africanos, millones de personas, se han estado movilizando por una serie de razones históricas. Por ejemplo, en el caso de Mali, después de la guerra de Libia en 2011, se produce otra guerra, es importante el papel de la intervención francesa en la región y la desestabilización de Libia por la OTAN.

En los últimos años está habiendo entre la población el renacer de un sentimiento de dignidad y de lucha por la soberanía, en particular en Mali. Cuando se inició el rechazo a la presencia de tropas francesas en el territorio, se logró expulsarlas y luego progresivamente también en Burkina Faso y en Níger. Es todo un proceso regional en el que intervienen los militares en Níger por varias razones.

La lucha contra el terrorismo es uno de los elementos en los que se justificaba la presencia militar extranjera

Efectivamente, una de ellas es la lucha eficaz contra el terrorismo. Hay que saber que Mali tiene lo que se conoce como la triple Frontera, la región de Liptako-Gourma, donde todos los grupos terroristas circulan de un territorio a otro. Se da la circunstancia que hay un dominio militar extranjero desde hace más de diez años en esos países, sobre todo de Francia. Y uno de los pretextos para esa presencia era la lucha contra el terrorismo. Los pueblos se han empezado a preguntar cómo podía ser que una presencia de más de una década en el terreno de miles de tropas extranjeras, con la tecnología más avanzada de unos ejércitos occidentales y con un presupuesto en defensa impresionante, no logren contrarrestar ni neutralizar a esos grupos terroristas que se multiplican con el paso de los años.

De modo que dos países, que rechazan la presencia militar extranjera y que cuentan con sus propias fuerzas militares, se rebelan y, posteriormente se les suma Níger. Así que todo es un cambio de perspectiva. Considero que el golpe de Níger es una culminación de este proceso. Ellos observan que había una connivencia, o al menos una aceptación, por parte de Francia de esos grupos islamistas terroristas, porque no los lograban erradicar.

Los pueblos piensan que el terrorismo era una coartada o una excusa simplemente para justificar la presencia militar extranjera, pero luego no erradicaban a esos grupos terroristas. Esto es parte del discurso de los pueblos africanos. Si escuchamos a los dirigentes de Mali, de Burkina Faso y ahora de Níger, el discurso es que la fuente del terrorismo es occidental.

Podemos estar de acuerdo o no, ahora de lo que se trata es de buscar la información, los elementos que nos permitan saber si lo que están diciendo corresponde a la realidad o es una fantasía. Yo, en mi libro “Níger: ¿otro golpe de estado… o la revolución panafricana?” aporto algunos elementos, algunas citas para entender el contexto. Por ejemplo, el Jefe de Estado Mayor del Ejército francés, quien estuvo al cargo de la tropas francesas en Mali, dijo que su presencia en el país debía ser al menos de 30 años. Nadie puede creerse que el ejército francés necesite tres décadas para acabar con unos grupos terroristas africanos.

Por otro lado, los responsables del ejército francés han dado legitimidad a los grupos tuaregs como actores políticos que exigen una independencia que supone una partición territorial de Mali, incluso los medios franceses recogen las declaraciones de sus portavoces. Pero todos saben en el Sahel la estrecha relación que hay entre esos tuaregs y los grupos terroristas.

En numerosos análisis de la región se aborda el papel de la CEDEAO, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental. ¿Puedes explicarlo?

La CEDEAO es un grupo regional de quince países de África Occidental fundado en 1975 cuya misión era promover la integración económica de la región. Era un proyecto de desarrollo económico, pero el problema es que, en los últimos años, se ha convertido en una herramienta de injerencia en manos de Francia. Francia utiliza a los aliados que tiene en la región como Ouattara [Alassane Ouattara, presidente de Costa de Marfil] o el también presidente Macky Sall, que recientemente ha salido por la puerta trasera en Senegal. A estos actores se une un buque que está en Nigeria. Son actores que se han puesto al servicio de los intereses franceses, y la CEDEAO se ha revelado en los casos de Mali, también Burkina Faso y Níger, como una herramienta para ejercer una política de sanciones. Estas sanciones han producido un sufrimiento en poblaciones con una extrema pobreza increíble, y es entonces cuando se aprecia claramente que a la CEDAO no le importa el sufrimiento de la población.

Se les somete a un bloqueo de todo tipo, de modo que a la población le falta el acceso a la electricidad, a medicamentos, a la alimentación. Se ve que esta asociación ya no cumple la función para la cual había sido creada y estos tres países toman la decisión histórica a finales de enero de una salida irreversible definitiva de la CEDEAO. De modo que se le está desmontando un poco la arquitectura neocolonial a Francia.

En el caso de la CEDEAO, ha sido un actor cuyo peso ahora está en decadencia. Va a desaparecer probablemente, no sé.

Has comentado algo antes, pero quisiera que explicaras algo más de cómo ha afectado en la región la intervención de la OTAN en Libia

Ya la guerra de Mali tiene como origen la desestabilización en Libia. De hecho, ha sido una lección que han sacado los pueblos africanos y los dirigentes, porque se han dado cuenta de su error histórico al no oponerse de una manera clara y frontal, y al no proteger a Gadafi, que tenía una visión también panafricana. Les guste o no a los políticos europeos y a la opinión pública occidental de los grandes medios hegemónicos, la Libia de Gadafi es percibida, incluso su legado, como una contribución histórica al panafricanismo.

Ha influido de tal manera que, a pesar de que Libia se encuentra en el norte de África, en dos momentos de la historia de Níger reciente se producen dos golpes de Estado relacionados con Libia. Uno fue poco después de que el presidente de Níger estableciera relaciones con la Libia de Gadafi, en el caso de Hamani Diori, que sufrió un golpe de Estado en 1974. Unos meses antes había realizado un acuerdo de defensa con Libia. Y en el caso de Mamadou Tandja [presidente de Níger derrocado en 2010 por un golpe de Estado], una de las razones por las cuales fue depuesto fue porque se opuso claramente a los intereses de Francia y estableció relaciones con China, con Irán, con Venezuela y también acogió a Gadafi.

Así que la guerra de la OTAN en Libia es percibida hoy como algo que no debe repetirse y explica el hecho de que ahora en Níger se detenga la agresión imperialista al comprobar cómo Francia logró sus planes de asesinar a un dirigente como Gadafi.

Esa misma Francia que también ocupaba gran parte del territorio de Mali y que no permitía al Ejército maliense resolver sus problemas de terrorismo, porque le impedía a su propio Ejército Nacional acceder a su territorio, porque estaba bajo control militar francés.

En el caso de Niger, se detiene a la estrategia imperialista francesa y eso tiene una significación histórica. En mi opinión esto tiene una carga simbólica muy fuerte, algo así como la batalla de Dien Bien Phu en la guerra entre Indochina y Francia. Es decir, hay una conciencia de que se está repitiendo aquel momento cuando Vietnam derrotó al Ejército francés en 1954. Estamos en el 70 aniversario.

Entonces se creó la conciencia en los pueblos africanos de que la derrota del hombre europeo, del hombre blanco, era posible y a partir de ahí se inició un movimiento anticolonial que se reforzó mucho, se creó por ejemplo el FLN en Argelia y dio un impulso muy fuerte. Es decir, que a nivel también simbólico, Níger tiene una importancia por la esperanza que también le da a los pueblos africanos de ver que es posible derrotar esas amenazas de guerra y esas políticas de sanciones.

¿Y no cabe la posibilidad de que estos nuevos gobiernos y movimientos, alejándose de Francia, se puedan acercar a Estados Unidos y acaben cayendo bajo otro imperialismo?

Esa es una de las hipótesis. De hecho, Estados Unidos, cuando se produce el golpe de Estado de Níger, tiene una posición pragmática y lo acepta. No es un imperialismo tan torpe como el de Francia y trata un poco de, digamos, no oponerse demasiado. Claramente defienden el régimen derrocado, pero lo hacen con un perfil bajo.

Yo apunto en mi libro sobre Níger, la posibilidad de que Estados Unidos trate de recuperar esta dinámica, pero los acontecimientos están mostrando que en Níger hay una visión clara de defensa de la soberanía. Y la clave es el apoyo y la movilización popular.

Yo esta pregunta se la hice a un compañero nigerino, profesor en Niamey, la capital, porque era una de mis preocupaciones. Es decir, han enfrentado a un ejército imperialista como el de Francia, pero ¿se parará ahí?, ¿se parará la cosa? Él me respondió, no se va a parar ahí, esto es solo el inicio, esto fue lo que me respondió.

Así que creo que los hechos están mostrando que en Níger hay una visión muy clara de considerar las tropas militares extranjeras como una ocupación, como un neocolonialismo. Y la exigencia de que las bases militares estadounidenses que hay en la capital, y también en el norte, con una inversión multimillonaria, con una base de drones, se vayan y abandonen lo más rápidamente posible el territorio nigerino. Se está mostrando que el pueblo no se va a detener en una sola medida, hay todo un plan realmente de soberanía y de soberanía popular. No solo ya a nivel de la defensa de cada nación, sino que hay lo que yo considero un poco la hipótesis del libro, es decir, que vamos hacia una revolución panafricana a partir del momento en el que esto ya no es una cuestión de defender simplemente su propia nación, sino de crear una cooperación y poner los recursos a favor de los derechos de los pueblos de la región.

[Pocos momentos después de realizarse esta entrevista se supo que el Pentágono ordenaba formalmente que las 1.000 tropas de combate estadounidenses se retiraran de Níger]

Alex Anfruns durante la entrevista con Pascual Serrano en Barcelona. Foto: Globalter

 

¿Cuál sería, según tú, el papel en esta región a partir de ahora de Rusia, China o los BRICS?

Considero que estamos en una encrucijada y que, nos guste o no, nos encontramos en una situación de nueva guerra fría. Ahora la cuestión a veces es un poco tendenciosa porque cuando se plantea la pregunta del papel de Rusia, desde Occidente se dice que podría aprovecharse y ser el nuevo imperialismo. Es decir, que va a hacer lo mismo que ha hecho Francia o Estados Unidos. Pero desde el punto de vista de los pueblos africanos la óptica es muy diferente.

Por eso es importante centrarnos en los hechos. Por ejemplo, observar que Francia tiene en la región primero una política colonial y luego neocolonial, con una serie de mecanismos como la moneda franco CFA [la moneda de curso legal de los países occidentales y centrales de África. Significa Franco de la Comunidad Financiera de África, aunque en el momento de su creación significaba “Comunidad Francesa de África”, se trata sin duda de una limitación de la soberanía económica de esos países porque la moneda estaba primero ligada al franco francés y ahora al euro], con los acuerdos de defensa que limitaban a los países antiguamente colonizados de establecer relaciones libremente con otros países, que le imponían la venta preferencial de materias primas a Francia. O sea, hay un fenómeno que es el neocolonialismo, que no es retórico.

En segundo lugar, cuando hablamos de nueva guerra fría, hay que saber quién está creando las condiciones de esa nueva guerra fría. En el caso de Rusia, está siendo un país agredido. Hemos visto cómo la extensión de la OTAN hacia la frontera de Rusia es una amenaza contra este Estado. Por otra parte, cuando la Unión Europea y Estados Unidos establecen la política de sanciones contra Rusia, la decisión soberana de los países africanos es no aplicar esas sanciones. Todo esto son hechos, que pueden gustar o no a quien los oiga. Las relaciones ruso-africanas son excelentes, es muy buena la cooperación desde Etiopía, Burkina Faso hasta Marruecos.

O sea, tenemos una serie de programas de cooperación y es posible que también esté aprovechando su historia, había unas relaciones con la Unión Soviética entre los países africanos que fueron consideradas beneficiosas. Hoy en día, en este contexto de nueva guerra fría, ya no se trata de alinearse forzosamente con Occidente, yo creo que los africanos lo tienen bastante claro.

Todos sabemos que los Estados tienen intereses, no es una cuestión de amistad, pero hay relaciones entre Estados que son respetuosas y que miran el beneficio mutuo. Y en ese sentido, las relaciones con Rusia son muy buenas, pero no solo con Rusia, sino que también con China, Irán y Turquía.

Son relaciones en las que se les permite a estos países otras perspectivas que no sea el sometimiento económico y sobre todo, no se les impide el desarrollo. Cuando hablamos de desarrollo hay que saber cuáles son las condiciones de vida del pueblo nigerino. Níger es un país entre los primeros productores mundiales de uranio y, por otro lado, con las cifras más bajas de desarrollo humano. En el momento del golpe de Estado la extrema pobreza era del 42%, con una enorme falta de acceso a la electricidad y con una gran parte de la población viviendo en la agricultura de subsistencia, dependiendo de la lluvia.

En Níger los militares se están planteando y de hecho están haciendo avanzar, una serie de proyectos que permitirán tener más ingresos para el Estado y yo creo que lograrán un mayor desarrollo y beneficio social.

Esa es la siguiente pregunta, ¿cuáles serían las medidas de desarrollo y soberanía de Níger y en general de los países de Sahel que están desarrollando como respuesta a las sanciones occidentales?

En primer lugar, cuando se producen las sanciones, tenemos el envío de convoys humanitarios desde Burkina Faso hasta Níger, con lo cual vemos que, aunque se bloqueen todas las fronteras de los países de la CEDEAO, el hecho de que estos tres países estén unidos les permite, aunque no tengan acceso al mar, cierta solidaridad y cooperación interafricana.

En el caso de Níger, después de estos meses de resistencia, lo que ha logrado es bueno. Han terminado la construcción de una central fotovoltaica y ahora están con la producción de petróleo, que se va a incrementar mucho. Esto ha permitido vender carburante a los países vecinos. Con la capacidad de desarrollo de la industria del petróleo, se permitirán reducir la dependencia que tienen en materia energética.

También respecto a su industria de extracción del oro está previsto crear refinerías de oro. No solo eso, sino que realmente hay una serie de iniciativas de industrialización y se está planteando la soberanía alimentaria, que es algo que se puede lograr, no es una utopía.

Mali, Burkina Faso y Niger son países en los que todavía hay una inseguridad alimentaria. Hay enormes recursos y ahora, al expulsar a los actores neocoloniales, se abren perspectivas muy positivas de cambio.

La pregunta ahora es ¿qué se puede esperar? Yo respondo, siempre se puede esperar todo lo mejor porque a partir de ahora la ruptura es total.

Comparando estos tres países que están viviendo estos cambios, sus tres gobiernos no tienen necesariamente un ideario similar, más allá de una posición común de recuperar su soberanía y su nacionalismo frente al colonialismo francés. ¿Pero tú verías diferencias ideológicas entre ellos o crees que eso no tiene relevancia?

Es una cuestión que se está ahora debatiendo ya que estos gobiernos son considerados gobiernos de transición militares y en algún momento u otro deberían dar paso a gobiernos civiles.

Sin embargo, la situación actual es que en Mali la actividad de los partidos políticos está prohibida, porque se plantea que es necesario primero recuperar de forma real y total la soberanía nacional. Yo creo que para analizar el destino de estas naciones, hay que ver las cosas desde un enfoque muy, muy amplio. Es decir, el desafío al que se enfrentan es comparable a la lucha de Liberación Nacional. La situación que viven es una independencia política nominal que podríamos llamar falsas independencias.

Los pueblos están llamando a la época de las independencias de la década de 1960 como el producto del Pacto Neocolonial. Así que, si consideramos que se está en una fase de lucha de Liberación Nacional, y como lo ha dicho Ibrahim Traoré [militar, actual presidente interino de Burkina Faso tras el golpe de Estado del 30 de septiembre del 2022], no solo es una lucha contra el terrorismo, sino también una lucha de descolonización.

En ese sentido, creo que la prioridad está puesta en hacer frente al problema del terrorismo en estos tres países, pero, al mismo tiempo, sentar las bases para defender sus recursos estratégicos, decidir sobre ellos y no depender tanto de las importaciones.

Pero yo insisto en si hay diferencia ideológica entre estos tres gobiernos. Porque tú puedes descolonizar y recuperar tus recursos para crear y distribuir la riqueza con justicia social o puede ser para el beneficio de una élite local.

Pienso que son los acontecimientos venideros los que van a permitir que el pueblo y los dirigentes se decanten y que saquen de nuevo este debate, esta lucha. En la época de la descolonización política, muchos de los líderes anticoloniales estaban formados en el marxismo y tenían muy claro que iba a formarse una nueva burguesía nacional.

Voy a contar algo muy sencillo para ilustrar hacia dónde pueden ir las cosas. Ibrahim Traoré, en el mes de octubre, tuvo una reunión con los patronos de Burkina Faso, con los capitalistas del país. Él les dijo, hasta ahora los productos, los alimentos que está consumiendo el pueblo burkinés, son en gran medida importados, no se está apoyando la producción nacional. Y añadió, a partir de ahora ustedes van a dedicar el 10% de su capital a la producción nacional. Lo que estaba haciendo Traoré que, de cierta manera, es el heredero de las ideas de Thomas Sankara, porque es imposible no relacionarlo con el líder panafricano asesinado en 1987, era obligar a los capitalistas del país a ser una burguesía nacional y no una burguesía que se dedica al comercio con los extranjeros y que no contribuye para nada al desarrollo del país.

Desde el punto de vista europeo es muy fácil dar lecciones, pero me gustaría ver cuántos presidentes hay que sienten a los capitalistas y les den órdenes, porque normalmente es lo contrario, son los poderes económicos los que mandan al poder político.

Aquí tenemos una manifestación concreta, de que son estos dirigentes los que están dando órdenes, están obligando a que haya una transformación de la estructura económica. Pero esto va a tomar tiempo y yo creo que son los años próximos los que permitirán ver si se va a transformar. Por ejemplo, que entren en escena las masas del pueblo, que son gente que mayoritariamente vive de la agricultura y que históricamente han sido excluidos de la sociedad, del destino de la nación.

Así que todo esto todavía está en desarrollo, pero creo que, por ahora, la revolución panafricana es una buena noticia.

Pascual Serrano es periodista y escritor. Su último libro es “Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo”

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