La pompa y la realidad de la estabilidad estratégica
XULIO RÍOS
Xi Jinping ha abandonado Washington después de tres jornadas de una solemnidad poco habitual incluso para los estándares de la diplomacia entre las dos grandes potencias. Ceremonias, honores, despliegue militar, cena de Estado y una cuidada escenografía presidencial han rodeado la primera visita de Estado del dirigente chino a Washington en más de una década. Mucho simbolismo, por tanto. Pero en términos de resultados concretos, bastante menos.












