La humanidad dominada por la narrativa

CAITLIN JOHNSTONE

Cuanto más trabajo interior haces y más conciencia aportas a tus propios procesos internos, más entiendes hasta qué punto la conciencia humana está dominada por la narrativa mental. Y cuanto más comprendes hasta qué punto está dominada, más consciente te vuelves de cuánto poder podría ganar alguien sobre otras personas controlando esas narrativas.

Aquellos que no han hecho mucho trabajo interior tienden a asumir que todos perciben la realidad tal como es en realidad, y luego se forman buenas o malas visiones sobre esa realidad en función de cuán buenos o malos son como seres humanos —aquí, se define como “bueno” lo “estrechamente alineado con la propia visión del mundo” y como “malo” lo “distante de la propia visión del mundo”.

Pero, cuanto más trabajo interior haces, más insostenible encuentras esta posición. Después de un tiempo, empiezas a comprender que nadie ve la realidad tal como es. Ni siquiera tú. Lo que estamos percibiendo son un montón de historias mentales que nos hemos formado sobre el mundo, basándonos en información que hemos absorbido a través de filtros preceptivos muy distorsionados por nuestros condicionamientos, prejuicios y hábitos cognitivos.

Los psiconautas Timothy Leary y Robert Anton Wilson llamaron a esos filtros “túneles de realidad”. Su teoría se basa en la creencia de que las personas nunca experimentan la realidad objetiva, solo el interior de su propio túnel.

Lo que está claro es que los humanos estamos muy lejos de ese papel de actores racionales que nos atribuimos. No somos criaturas que ejecutemos acciones racionales por nuestra propia voluntad en respuesta a comprensiones lógicas de nuestro mundo. Somos pequeños primates confundidos con un montón de cuentos de hadas sobre la realidad que resuenan dentro de nuestros cráneos que nos susurraron nuestras propias interpretaciones altamente condicionadas de la información asimilada por nuestros propios hábitos perceptivos, a su vez altamente condicionados. Y a ellos reaccionamos basándonos en fuerzas motrices subconscientes altamente condicionadas dentro de nosotros mismos que no comprendemos.

Cuando uno ve y comprende esto con claridad, también entiende lo fácil que sería manipular a esos pequeños primates confundidos para su propio beneficio. Todo lo que tendría que hacer sería ejercer alguna influencia sobre las historias que gobiernan sus conciencias.

Y, por supuesto, eso es exactamente lo que sucede. Algunos humanos que son un poco más inteligentes y menos empáticos que el resto descubren que pueden utilizar la manipulación psicológica para inclinar las historias en las cabezas de las personas a su favor, ya sea para obtener dinero, sexo, lealtad u obediencia.

Los humanos más poderosos del mundo son aquellos que han llegado a comprender que el poder real no reside en quien tiene más votos, dinero, tropas o armas, sino en quien controla la narrativa. Entienden que el poder es controlar lo que sucede, pero que el poder absoluto es controlar lo que la gente piensa sobre lo que sucede.

Una vez que controlas las historias en las cabezas de la gente, podrás controlar la dirección de los flujos de votos, dinero, tropas y armas. Como los humanos somos criaturas dominadas por las historias, si puedes dominar nuestras historias, puedes dominarnos.

Así que estos inteligentes controladores se propusieron dominar las historias apuntalando el control narrativo en cada oportunidad que se les presentaba. Comprando medios, manipulando noticias, financiando think tanks corruptos, modificando algoritmos, clasificando información inconveniente, encarcelando a periodistas independientes…

Todo esto hace que puedan elegir cuáles son las historias dominantes sobre lo que sucede en el mundo, qué es lo que los humanos pensamos, de qué hablamos, cómo trabajamos, actuamos y votamos.

Y cuanto más trabajo interno haces, más sentido tiene que todos estén tan influenciados por estas manipulaciones, y más sentido tiene que el mundo esté en el lío en el que se encuentra. Porque entiendes que, si bien estos dominadores son un poco más inteligentes que los demás humanos, no están menos confundidos. Ellos mismos todavía están dominados por historias mentales e interactúan con el mundo con un alto nivel de inconsciencia, impulsados por fuerzas internas que no comprenden.

Los dominadores todavía son pequeños primates confundidos que caminan ciegos por la vida, como el resto de los humanos. Y están tan asustados y son tan miserables como cualquier otra persona. El problema es que también controlan el mundo, y lo están conduciendo hacia la aniquilación mediante la guerra nuclear y el colapso ambiental.

Y cuanto más trabajo interior haces, más claro queda que eso no tiene por qué suceder, ya que llegas a concluir por tu propia experiencia que los humanos tenemos el potencial de convertirnos en una especie consciente que ya no esté dominada por la narrativa mental. Está claro que tenemos la capacidad de traer a la conciencia las fuerzas subconscientes dentro de nosotros para la curación y la integración.

La capacidad de cambiar nuestra relación con la narrativa mental, de una en la que los pensamientos dominan nuestra experiencia a otra en la que el pensamiento es sólo una herramienta que se puede coger cuando es útil y volverla a dejar cuando se ha terminado.

Resulta evidente que la experiencia egocéntrica a través de la cual la mayoría de los humanos interactúan con la vida se basa por entero en una ilusión psicológica que se puede ver y dejar de lado.

Y lo bueno es que la gente corriente que ha hecho mucho trabajo interior puede ver todo esto por sí misma, mientras que los dominadores cuyas vidas están envueltas en el ego y la narrativa mental no pueden verlo. Hay algo que sucede detrás de escena, en los espacios más tranquilos de nuestra especie, de los que los dominadores no saben nada y no podrían entender nada aunque supieran algo. Y plantea una amenaza directa a todo su sistema de control.

Si la humanidad puede dejar de estar dominada por la narrativa mental, entonces los hilos psicológicos que los dominadores tiran para manipularnos se evaporarán. Ya no podrán dominar la forma en que la gente piensa, habla, trabaja, actúa y vota, porque todo el marco que han estado utilizando para hacerlo dejará de existir.

No sé si nuestra especie saldrá de su trance a tiempo para elegir entre la disyuntiva de adaptarnos o morir que con claridad se nos pide en este momento crucial de la historia. Pero no tengo la menor duda de que tenemos el potencial en nosotros para hacerlo. Con suficiente trabajo interior, cualquiera puede reconocer esto también por sí mismo.

Caitlin Johnstone es una periodista independiente, escritora y poeta australiana que se financia a través de sus lectores. Su último libro, en colaboración con Tim Foley, es “Woke: A field guide for utopia preppers”.