¿Logrará Machado repetir el fenómeno de Milei?

2023 concluyó con una serie de incógnitas por despejar para la ganadora de las primarias opositoras en Venezuela

CLODOVALDO HERNÁNDEZ

Cuando ya casi iba a expirar el plazo para hacerlo, el viernes 15 de diciembre a las 4 de la tarde, la dirigente opositora radical venezolana María Corina Machado se presentó ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para solicitar que se revise la inhabilitación que le dictó, hace ya varios años, la Contraloría General de la República y que le impide desempeñar cargos públicos.

Al hacer esa petición ante el máximo órgano del Poder Judicial, Machado se contradijo en puntos centrales de su explosivo discurso, según el cual el gobierno de Nicolás Maduro es una feroz dictadura que controla todos los poderes públicos, los cuales, por tanto, son ilegítimos.

También reconoció la vigencia de la inhabilitación, luego de negarla de forma reiterada, alegando que nunca fue notificada de dicha medida.

Ahora, la posibilidad de participar en la contienda por la presidencia de la República en 2024 depende de los magistrados de la alta corte. Y allí está en juego su opción de ser “la Milei venezolana”, como han comenzado a decirle, es decir, que pueda enfrentar a un gobierno progresista con las nebulosas, pero seductoras ideas del ultraliberalismo, el paleocapitalismo y el populismo de derecha.

La posibilidad de recurrir al Tribunal Supremo a revisar las inhabilitaciones de candidatos fue incluida en una hoja de ruta, fruto de los Acuerdos de Barbados, suscritos por representantes del gobierno y la oposición.

Sí, pero no
Machado había asegurado repetidamente que no comparecería ante el TSJ, pues se considera habilitada por los más de dos millones de personas que, según sus cifras, le dieron apoyo en las primarias de un sector del antichavismo, celebradas en octubre y que ganó con 93 % de los votos. No obstante, sí se presentó ante el máximo juzgado y luego ha debido recurrir a piruetas retóricas para explicar esa discrepancia entre lo dicho y lo hecho.

No es una conducta nueva en ella ni en el espectro de la oposición venezolana. Esas disonancias han sido su característica principal desde que apareció entre los firmantes del decreto de Pedro Carmona Estanga, tras el golpe de Estado que derrocó a Chávez por apenas 47 horas. Ella niega con énfasis que haya suscrito ese documento (que desconocía a todos los poderes públicos electos en 2000) y asegura que sólo era una lista de asistencia.

Machado ha sido protagonista en todas las tentativas de toma violenta del poder, aunque ahora asegura ser partidaria a ultranza de la confrontación electoral con el chavismo. Fue abanderada en la solicitud de una invasión militar foránea mediante el obsoleto Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y durante años solicitó radicalizar el bloqueo y las medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela, como fórmula para arrancar a Maduro del poder.

La inhabilitación que pesa sobre ella es una medida administrativa contemplada en la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República, que ha afectado también a otros exfuncionarios públicos, incluyendo dirigentes opositores de alto rango como el dos veces excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski. En su caso, se le aplicó luego de que Machado, siendo diputada a la Asamblea Nacional, en 2014, aceptase ser embajadora ad hoc de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA), sin solicitar permiso del Poder Legislativo.

Esa maniobra se realizó con la finalidad de que Venezuela estuviera representada en la OEA por una vocera de la oposición radical, para completar el cerco que se había tendido contra el gobierno venezolano en los escenarios internacionales.

¿Órdenes de arriba?
Machado, perteneciente a una familia de la oligarquía venezolana más tradicional, no oculta su filiación con Estados Unidos y su disposición a volver a meter al país por el carril de la superpotencia, en caso de llegar a la jefatura del Estado.

Poco antes de su visita al Tribunal Supremo, un grupo de congresistas de EE.UU., encabezado por el republicano ultraconservador Rick Scott, pidió al gobierno de Joe Biden que reconozca oficialmente a Machado como la nueva líder de la oposición venezolana, tras el resultado de las primarias. Ella agradeció el gesto con un video difundido en redes sociales, en un gesto que indica a las claras que, según su punto de vista, si “Washington locuta, causa finita”, como dice la frase latina referida a Roma y, específicamente, al Vaticano.

En su jugada de último minuto ante el TSJ también se evidencia esa subordinación a los dictados imperiales. Como se dijo antes, Machado había jurado que no iría ante el TSJ por creerlo ilegítimo y porque no se considera inhabilitada. Pero, sucedió que el embajador de Estados Unidos para Venezuela (radicado en Colombia), Francisco Palmieri, envió un mensaje, en inglés, a través de redes sociales, aplaudiendo a la dirigente antichavista por haber acudido a la máxima corte venezolana, cuando esto aún no había ocurrido. Y, acto seguido, ella apareció en el lugar, ufanándose de haber puesto al gobierno en jaque mediante el uso del factor sorpresa.

A la luz de muchos observadores venezolanos, lo de Palmieri no fue una felicitación, sino una orden emitida públicamente. Si ella se hubiese mantenido en su postura de desconocer al TSJ, habría desobedecido una instrucción directa proveniente del norte y, de paso, habría dejado mal parado a Palmieri.

La dirigente y sus allegados le han dado la vuelta a lo ocurrido, presentándolo como un presagio de victoria. Aseguran que se trata de un mero trámite ante el organismo judicial, pues la rehabilitación ya estaría acordada, por imposición de Estados Unidos a cambio del alivio de las sanciones y el bloqueo.

¿Cómo viene el 2024?
El objetivo de Machado era que, tras haber sido electa de manera contundente en las primarias de octubre, podría erigirse como la candidata única opositora ante la opción reeleccionista de Maduro.

Pero, la dinámica y cambiante realidad global y local ha perturbado ese plan. Varios hechos ocurridos luego de las primarias le han quitado potencia a esa consulta, en la que participaron otros ocho candidatos (de una lista original de 14). Las denuncias realizadas por otros factores opositores y las investigaciones del Ministerio Público han puesto en tela de juicio la veracidad de los resultados de ese proceso, realizado manualmente, sin supervisión del Consejo Nacional Electoral y completamente inauditable, pues los materiales electorales fueron destruidos horas después del proceso.

Un segundo asunto que ha afectado a Machado es su postura en el tema del referendo consultivo sobre la Guayana Esequiba, aparentemente más cercana a la de Guyana que a la de Venezuela. Tanto desde el gobierno como desde los partidos opositores adversos a la dirigente, se ha denunciado su conducta como contraria a los intereses nacionales y fruto de un presunto financiamiento por parte de la ExxonMobil, la empresa estadounidense que está explotando crudo en áreas marinas sin delimitar entre Guyana y Venezuela, mediante “concesiones” emitidas por Georgetown.

Este cúmulo de cuestionamientos, que apuntan a señalarla por el delito de traición a la patria, podría incidir en la sentencia que emita el TSJ, aun cuando se supone que la alta corte sólo va a juzgar sobre la legitimidad o no de la inhabilitación dictada por la Contraloría.

Algunos comentaristas indican que Machado corre el riesgo de salir incluso en peor situación que la derivada de su inhabilitación, pues el Tribunal Supremo bien podría decidir que hay méritos para enjuiciarla por los ya referidos delitos de traición a la patria. O, en todo caso, una sentencia ratificatoria le daría estatus judicial a lo que hasta ahora era una sanción administrativa.

Florecen las candidaturas
La idea de Machado como candidata única opositora tropieza, además, con los movimientos internos de este sector político, bastante fragmentado y sin una dirección centralizada.

Varias candidaturas opositoras han estado floreciendo, al margen de los dirigentes que participaron en las primarias. Personajes de diversos segmentos de la oposición estarán terciando en la carrera presidencial, sin que Machado tenga muchas posibilidades de sumarlos, debido a su intolerancia, egocentrismo y radicalismo.

Entre las candidaturas alternativas se cuentan:

  • El comediante y empresario Benjamín Rausseo, conocido como “el Conde del Guácharo”, que se negó a ir a primarias y se puso en una especie de estado de hibernación, del que no se sabe si va a salir o no en 2024.
  • El expresidente de la Asamblea Nacional José Brito, proveniente del partido de derecha Primero Justicia, pieza clave en que se pusiera en primer plano el tema de la inhabilitación de Machado.
  • El líder del movimiento Alianza del Lápiz, Antonio Ecarri, exmilitante de varios partidos opositores, que se presenta como opción independiente.
  • El exgobernador del estado oriental de Monagas Luis Eduardo Martínez, por una de las facciones de Acción Democrática, el partido que dominó la política venezolana durante la segunda mitad del siglo XX y fue desplazado de esa posición hegemónica por el chavismo.
  • El exsecretario general del partido Movimiento Al Socialismo (izquierda moderada) y periodista Manuel Isidro Molina.
  • La disidente del chavismo María Alejandra Díaz, quien espera recibir apoyo de sectores de izquierda dura y descontentos con las políticas de Maduro.

Los escenarios para Machado
Dependiendo de la decisión que tome el Tribunal Supremo, cambian los escenarios para Machado y para la oposición en general.

Si el TSJ anula la inhabilitación, Machado podrá inscribirse en la competencia electoral de 2024 (que aún no tiene una fecha precisa) y medir la verdadera dimensión de su liderazgo ante Maduro. Es en este escenario donde ella podría desarrollar un perfil parecido al de Javier Milei en Argentina, como una opción rupturista con un discurso que hechice a las mayorías populares y las lleve a votar por un programa básicamente antipopular.

Naturalmente, esta posibilidad dependerá en mucho de cómo se desarrolle el gobierno de Milei en 2024, pues podría ser su mejor o su peor propaganda.

Si el TSJ ratifica la inhabilitación, ella y quienes la dirigen y asesoran tendrán que optar entre llamar a la abstención; designar a un candidato delegado para que la gente vote indirectamente por ella; o recurrir nuevamente a la violencia callejera, como ocurrió en 2014 y 2017.

En la lista de posibles ungidos por Machado figuran varios de los que compitieron en las primarias, así como el jefe de la delegación opositora en los diálogos con el gobierno, el abogado Gerardo Blyde y hasta el magnate de Empresas Polar (alimentos, gaseosas y cerveza), Lorenzo Mendoza, que siempre aparece mencionado como outsider.

Entre los líderes opositores hay varios que esperan el resultado del proceso judicial para mostrar sus cartas. Obviamente, algunos de los candidatos alternativos esperan que Machado permanezca fuera del juego, pues eso les daría mayores posibilidades de obtener una buena votación, quizá no para ganar la presidencia, pero sí para quedar bien posicionados, de cara a las elecciones parlamentarias, regionales y locales de 2025.

Son varias las interrogantes que quedan pendientes, al cierre de 2023, respecto a Machado y a todo lo que ella significa para la oposición venezolana. Las apuestas políticas están abiertas.

Clodovaldo Hernández es periodista venezolano. Premio de Periodismo de Opinión Simón  Bolivar 2022

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *