Irán, Israel y el fraudulento apocalipsis nuclear

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Cualquier político israelí, del partido que sea y en las circunstancias que sean, tiene por costumbre en cuanto abre la boca denunciar el programa nuclear iraní, y asegurar que Israel no permitirá que Teherán fabrique bombas nucleares que constituyen una amenaza existencial para toda la región y para todo el planeta. Este discurso oficial se recuerda varias veces todos los días porque conlleva una serie de ventajas importantes para el estado judío aunque no guarde relación con la realidad.

Desde hace años las máximas autoridades iraníes han dicho por activa y pasiva que no tienen intención de fabricar armas nucleares, pero esa hipotética posibilidad es un buen pretexto para que Tel Aviv mantenga el miedo en el cuerpo de países como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos, lo que redunda en beneficio de la hegemonía israelí, cada año más consolidada en un espacio geográfico mayor.

Hace unos pocos días, el veterano periodista Ehud Yaari, que despotrica sin descanso contra Irán desde el Canal 12 de la televisión hebrea, formuló la siguiente reflexión, contraria a su discurso habitual: No conozco ningún país que se haya marcado el objetivo de fabricar la bomba atómica, como la India, Pakistán, Sudáfrica o Israel, que haya necesitado tres décadas para conseguirla. Irán dispone de excelentes físicos y no tiene la bomba, de manera que la conclusión es que no quiere fabricarla, sentenció Yaari.

Aunque el de Yaari es un razonamiento elemental y de fácil comprensión, no sirve a los intereses de Israel. En cambio, el enfrentamiento permanente con Teherán le redunda en grandes beneficios, así que los israelíes mantienen una fuerte presión sobre Irán en todos los frentes, con asesinatos, sabotajes, ataques y atentados dentro de ese país, con la falsa excusa de que Irán quiere la bomba.

La presión se refuerza cada vez que la prensa occidental sugiere que Estados Unidos está a punto de firmar un nuevo acuerdo nuclear con los iraníes. Entonces los políticos israelíes realizan declaraciones incendiarias, puesto que su interés es que Occidente no alcance ningún acuerdo con Teherán, ni nuclear ni de otra clase.

Hace un par de años, durante la campaña para las elecciones en EEUU, el candidato demócrata Joe Biden prometió que restablecería el pacto nuclear que rompió el republicano Donald Trump siguiendo las directrices de Benjamin Netanyahu. Pronto se cumplirán dos años de la entrada de Biden en la Casa Blanca y el acuerdo con Irán sigue sin llegar, de modo que es legítimo preguntarse si Washington realmente lo quiere o si está jugando al cuento de nunca acabar.

Todos estos enredos conducen a la pregunta capital de si no sería mejor que Teherán construyera la bomba atómica de una vez por todas. Esto reforzaría la estabilidad regional, puesto que Israel dejaría de cometer toda esa clase de provocaciones que comete a diario. Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún país ha utilizado las armas nucleares y la bomba se ha convertido en un elemento decorativo y estabilizador allí donde se ha fabricado.

Ciertamente, lo mejor sería que ningún país tuviera la bomba, pero en este caso concreto la asimetría entre Israel e Irán solo trae inestabilidad a la zona y más allá de la zona. Es más, la política desestabilizadora de Israel sugiere que lo que pretende es destrozar Irán en unos parámetros similares a lo que se hizo antes con Irak y Siria, dos países rivales que han sido aniquilados y neutralizados.

La situación interna de Irán no es fácil de resolver, pero está claro que las actividades de protesta y rebelión que periódicamente se registran en distintos puntos del país no pueden conducir a la estabilidad. Aun suponiendo que el régimen islámico cayera, como pretende Israel, Irán no entraría en una fase de estabilidad, sino todo lo contrario, creándose un caos similar al de Irak o Siria, o incluso más grave, que con toda seguridad tardaría décadas en desaparecer. Este es el interés de Israel, pero dudamos de que sea el de Europa y EEUU, aunque europeos y americanos obran según los intereses de Israel y no según los suyos propios.

Para ser más precisos, la ingenua y destartalada Europa y EEUU en realidad no obran según los intereses de Israel, sino según los intereses de su extrema derecha nacionalista y radical. El general Amos Gilad, ex responsable de los servicios secretos militares, sostiene que Benjamín Netanyahu cometió un grave error cuando se enfrentó a Barack Obama por el acuerdo nuclear con Irán de 2015, y que cometió un segundo error no menos flagrante cuando tres años después persuadió a Trump para salirse del acuerdo nuclear.

Irán solo comenzó a violar el acuerdo nuclear dos años después, en 2020, y ahora está más cerca que nunca de la bomba, si bien sus dirigentes insisten en que si quisieran la bomba la habrían fabricado hace tiempo, lo mismo que dice Ehud Yaari. Mientras Netanyahu argumentaba que con una política de “máxima presión” Teherán abandonaría su programa nuclear, la realidad ha demostrado que no es así y que esa política únicamente sirve para destruir Irán como antes se destruyeron Irak y Siria.

Eugenio García Gascón es premio de periodismo Cirilo Rodríguez. Ha sido corresponsal en Jerusalén 29 años

 

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