Irán-Israel, de momento un juego de disuasión

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

El sentido común dice que el ataque iraní contra Israel en la madrugada del 14 de abril no pasará a mayores, pero la lógica no funciona siempre en Oriente Próximo. A lo largo de muchas décadas ha sido corriente dentro del liderazgo israelí apartarse de la lógica y así lo han dicho públicamente altos responsables de sucesivos gobiernos desde el establecimiento del estado en 1948, algunos de los cuales desarrollaron la doctrina de la respuesta desproporcionada, de modo que permanece abierta la cuestión de si Israel se comportará de una u otra manera.

La decisión última está en manos de Benjamín Netanyahu, pero conviene precisar algunos detalles relevantes que se conocieron en las horas posteriores al ataque, y que pueden orientarnos en la dirección que tomará el veterano primer ministro.

En primer lugar, medios americanos y hebreos confirmaron que Joe Biden no está satisfecho con el comportamiento de Netanyahu en las horas previas y posteriores al ataque. En realidad, el presidente de EEUU está decepcionado con Netanyahu desde hace meses, desde el ataque de Hamás del 7 de octubre. Incluso desde antes, pues el presidente ha estado hablando de la necesidad de resolver el conflicto palestino, a lo que Netanyahu se opone frontalmente.

Ahora Biden ha dicho con claridad a Netanyahu que no participará en un contraataque contra Irán, una actitud que limita parcialmente, no totalmente, las posibles respuestas del estado sionista. En una discusión que celebró el gabinete de guerra en las horas previas al ataque, varios ministros se pronunciaron a favor de emprender un ataque de castigo contra Irán sin esperar a tener luz verde de Washington, pero al final Netanyahu detuvo tal opción.

Netanyahu siempre tiene la última palabra, como se está viendo en la guerra de Gaza. Biden puede sugerirle una idea por teléfono o a través de los medios de comunicación, la idea que considere mejor, pero es Netanyahu quien decide. Durante más de medio año ha terminado por hacer lo que ha querido, algunas veces usando de escudo las presiones de la extrema derecha nacionalista y religiosa, un pretexto que con regularidad le sirve para justificar sus propias decisiones ante su opinión pública y ante los mandatarios occidentales.

En la Casa Blanca se piensa que “Israel no tiene estrategia” en lo que hace, pero justamente es lo contrario, en el sentido de que carecer de estrategia puede ser una estrategia. En Washington lo dicen porque no ven que Netanyahu mueva ficha para resolver la gran tragedia palestina, pero eso constituye exactamente una estrategia. El primer ministro no quiere revelar su juego mientras va cambiando la geografía de los territorios ocupados, y en Washington creen erróneamente que eso significa que no tiene estrategia. Pero, al contrario, eso explica que haya respaldado con frecuencia a Hamás en la Franja de Gaza en detrimento del presidente palestino, Mahmud Abbás, quien sigue haciendo el juego que conviene a Israel.

De la misma manera que Washington siente una gran frustración por lo que sucede en Gaza, existe el temor a sufrir una frustración todavía mayor si Netanyahu se las apaña para arrastrarlo a un conflicto mayor con Irán. Aunque Biden le ha puesto las cosas claras y le ha dicho que no participará en una represalia contra Irán, existe el temor de que Netanyahu no le haga caso, lo que tendría consecuencias imprevisibles para el conjunto de la región. Incluso para las bases americanas, pues Teherán ha dicho que no piensa atacar esas decenas de bases esparcidas por Oriente Próximo si EEUU no se suma a los ataques contra Irán.

De hecho, Biden ya mostró su disgusto por el ataque israelí contra la representación diplomática iraní en Damasco la semana pasada, que se cobró la vida de un alto responsable de la Guardia Revolucionaria. Netanyahu no avisó previamente a Washington, y de esa manera se vio que hace lo que le da la gana, como está sucediendo en Gaza, y que no le importa lo que digan los estadounidenses, a pesar de que son ellos los que sostienen de principio a fin al estado judío. Sin el respaldo americano, que se expresa de mil maneras, el estado de Israel no duraría mucho.

Israel acusa a Irán de financiar el terrorismo, pero en el contexto regional resulta complicado definir qué es terrorismo. En Tel-Aviv se considera terrorismo todo, desde la resistencia de los palestinos a las milicias de Hezbolá. Todo lo que pida cuentas a Israel por su brutal comportamiento es terrorismo, según la definición de Israel ratificada por las potencias occidentales. En todo caso, Israel financia y adiestra a los Muyahidin al-Jalq, verdaderos terroristas iraníes a los que Israel usa para sabotear a la República Islámica desde dentro. Y quizá por ahí, es decir, por desestabilizar a Irán desde dentro, pueda venir la principal represalia israelí.

Eugenio García Gascón ha sido corresponsal en Jerusalén 29 años. Es premio de periodismo Cirilo Rodríguez.

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