Tortura generalizada en las prisiones israelíes

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

El número de palestinos muertos en las cárceles israelíes entre el 7 de octubre de 2023 y enero de 2026 se eleva a 84, una cifra alarmante y difícil de explicar si no se atiende a la tortura y a los abusos sistemáticos que cometen los carceleros y los agentes del Shin Bet con los prisioneros, una circunstancia que los palestinos denuncian continuamente sin que nadie les escuche.

En esa dirección abunda el hecho de que las autoridades israelíes han prohibido completamente las visitas a las cárceles de los empleados del Comité Internacional de la Cruz Roja, una circunstancia que agrava la situación de indefensión de los prisioneros. Aunque ha habido peticiones para que se obligue a Israel a permitir esas visitas, el Tribunal Supremo continúa sin pronunciarse al respecto.

Debe considerarse que los informes que elabora el Comité Internacional de la Cruz Roja son confidenciales y secretos. Aunque el país implicado, en este caso Israel, recibe una copia, los informes no se hacen públicos, de manera que en la práctica solo tienen la trascendencia que les da Israel, que es ninguna. Así que los informes del Comité Internacional no sirven más que para lavar la conciencia de las potencias occidentales, pero son inútiles.

Este mes de enero se han publicado dos informes que confirman el carácter cotidiano de las torturas por parte de los soldados, los funcionarios de las prisiones y los agentes del Shin Bet. El primero, elaborado por la organización de derechos humanos israelí y judía B’Tselem, resulta demoledor, mientras que el segundo, un informe interno de una agencia de control oficial, confirma los peores augurios.

En la actualidad, las cárceles albergan alrededor de 9.000 “prisioneros de seguridad” palestinos, cuya inmensa mayoría no han sido juzgados. Una parte considerable de ellos han sido detenidos después de octubre de 2023 y son considerados “combatientes ilegales”, una calificación no contemplada por la jurisdicción internacional que les priva de los derechos que poseen los prisioneros de guerra o los delincuentes comunes, al menos en teoría.

En concreto, el último informe de B’Tselem califica de “infrahumanas” las condiciones en que viven los prisioneros en el ala Rakefet de la prisión de Ayalon, un sector subterráneo, es decir sin luz solar, que fue cerrado en la década de 1980 después de una ruidosa campaña internacional, pero que se ha reabierto siguiendo instrucciones del ministro para la Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.

La también ONG israelí y judía, Médicos por los Derechos Humanos, ha recopilado datos que indican que el 67 por ciento de los prisioneros entrevistados experimentaron al menos un incidente de violencia grave dentro de las cárceles, antes de abandonarlas. Los testimonios indican que con relativa frecuencia los detenidos sufren violencia sexual o de otro tipo, sin que las autoridades hagan nada por perseguir o castigar los excesos de los agentes del Shin Bet, los soldados y los funcionarios de prisiones.

Otros prisioneros han declarado que en ocasiones se les priva de acceso al agua potable, un dato que también ha recogido un segundo informe elaborado por la Oficina del Defensor Público, una agencia oficial israelí. Los métodos de tortura denunciados abarcan un amplio abanico de posibilidades que están extendidas en las cárceles, como la supresión de alimentos, condiciones de vida extremas o privación de atención médica, además de violencia sexual.

El informe de B’Tselem señala que aunque lo que ocurre es bien conocido dentro y fuera de Israel, las autoridades internacionales no intervienen ni denuncian los hechos. Menciona, entre otros, el testimonio de Mohammad Abu Tawila, de 35 años, ya liberado, quien declara que durante su interrogatorio los soldados apagaron cigarrillos en su cuerpo, le quemaron la espalda con un encendedor y vertieron ácido en su cuerpo.

Mohammad Abu Foul, que ya ha salido de la cárcel, perdió la vista a causa de la tortura en el improvisado centro penitenciario de Sde Teyman, en el desierto del Neguev. En este centro se documentó en video la violación de un prisionero por parte de varios soldados que le introdujeron violentamente un objeto metálico por el ano.

En cuanto al informe de la Oficina del Defensor Público, revela que sus inspectores llevaron a cabo visitas a algunas cárceles en 2024, aunque no a las peores cárceles, y documentaron la presencia de prisioneros esqueléticos y de acciones equivalentes a tortura. Este informe permaneció secreto por orden del ministro de Justicia hasta que un tribunal obligó a hacerlo público este mes de enero.

Los inspectores israelíes describieron la condiciones de los presos de “inapropiadas para seres humanos” y denunciaron que los prisioneros padecen “violencia innecesaria e injustificada” “habitualmente y en numerosas ocasiones”, llegando a calificarla de “sadismo” en ciertos casos.

Eugenio García Gascón ha sido corresponsal en Jerusalén 29 años. Es premio de periodismo Cirilo Rodríguez.

 

EUGENIO GARCÍA GASCÓN
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