Irán y Arabia Saudí restablecen en Pekín sus relaciones bilaterales

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Irán y Arabia Saudí anunciaron este viernes el restablecimiento de las relaciones bilaterales que ambos países interrumpieron bruscamente en 2016. El acuerdo se logró en Pekín, de modo que China se apunta un significativo tanto diplomático mediante el que sigue asentando su influencia en Oriente Próximo en detrimento de Estados Unidos. Sorprendidos por el anuncio, en Washington reaccionaron poco después con una incómoda, tibia e intrascendente respuesta.

¿En qué puede cambiar el anuncio el contexto político y de seguridad de Oriente Próximo? Todavía es pronto para vislumbrar el alcance del acuerdo, aunque existen varios frentes en los que los dos grandes países musulmanes están inmersos.

Por supuesto, el mero hecho de que el acuerdo haya cristalizado en Pekín y que los consejeros para la Seguridad Nacional iraní y saudí lo hayan negociado allí, representa un éxito considerable para la diplomacia china en su objetivo de incidir en la problemática mundial, y en este caso en la de Oriente Próximo, algo que mantiene en vilo a Estados Unidos. Puede decirse que este pacto da legitimidad a Irán en la región, pero también a Pekín.

Arabia Saudí e Irán son los grandes rivales en la terrible crisis de Yemen, y existe la posibilidad de que el acuerdo de normalización repercuta positivamente en esa guerra que tanto daño ha causado a la población local. No cabe duda de que los chinos podrían seguir mediando entre las partes en relación con Yemen, donde ha habido más de 150.000 muertos. La intensidad del conflicto ha disminuido y ahora una solución más duradera puede estar al alcance de iraníes y saudíes. Los dos países también defienden intereses enfrentados en Líbano, aunque no parece fácil que sus intereses puedan reconciliarse ahí, al menos a corto plazo.

En cuanto a Yemen, un portavoz de Washington señaló en su primer comunicado de respuesta que el acuerdo de Pekín podría ser útil para acabar con este conflicto. Estas palabras pueden interpretarse como una cesión de EEUU a los chinos en un frente muy conflictivo que los americanos han sido incapaces de resolver y ahora lo reconocen.

Las relaciones entre Arabia Saudí e Israel, en teoría inexistentes, podrían concretarse en un plazo de tiempo no demasiado largo, tal como sugieren los medios hebreos desde hace muchos meses. Esta semana los diarios americanos han revelado que Riad exige a Estados Unidos dos cosas antes de reconocer formalmente al estado sionista: garantías para su seguridad nacional, un punto que, aunque los medios no lo mencionen, incluye garantías de futuro para el príncipe Mohammad bin Salman como rey, y también la luz verde para el desarrollo de un programa nuclear civil. El tema palestino ha dejado de ser crucial para Arabia Saudí y no sería un obstáculo importante para el intercambio de embajadas con Tel Aviv.,

El pacto de Pekín contempla el restablecimiento de los acuerdos económicos de 1998 y de los acuerdos de seguridad de 2001, que en ambos casos quedaron congelados en 2016. Las embajadas en Teherán y Riad se reabrirán en el plazo de dos meses, y los dos países se comprometen a la no injerencia en los asuntos internos de la otra parte.

Las relaciones bilaterales se colapsaron cuando Arabia Saudí ejecutó al clérigo chií Nimr Bakr al-Nimr. En Arabia Saudí existen una sustancial minoría chií, aproximadamente el 30 por ciento de la población, que lógicamente mantiene buenas relaciones con Irán y esto ha sido una fuente de roces y conflictos periódicos. El compromiso de no injerencia implica asimismo que Irán no se inmiscuirá en cuestiones relativas a la delicada situación política del reino, mientras que los saudíes tampoco maniobrarán al lado de Israel contra Irán, de manera que las dos partes salen ganando.

El anuncio fue recibido con declaraciones casi apocalípticas en Israel. Lanzando un dardo envenenado a Benjamín Netanyahu, el exprimer ministro Naftalí Bennett lo calificó de “rotundo fracaso” de la diplomacia hebrea y de “victoria política de Irán”. Otros responsables israelíes, especialmente líderes de la oposición, subrayaron que acaba con el primordial objetivo de crear una sólida coalición de países de Oriente Próximo que haga frente a Irán en todos los terrenos, incluido el militar. En estos momentos, Israel atraviesa por una grave crisis institucional que numerosos notables de casi todas las tendencias políticas, incluida la coalición del gobierno que lidera Benjamín Netanyahu, consideran “autodestructiva”.

Aunque algunos analistas han señalado que Estados Unidos está perdiendo influencia en la región, no está claro si el acuerdo de Pekín es el resultado de un menor interés momentáneo de los americanos de carácter táctico, o responde a una naturaleza estratégica más seria en esa región tan volátil.

En cualquier caso, Washington no se cansa de presionar a los países de la zona, Israel incluido, para que cancelen o limiten al máximo sus relaciones bilaterales con Pekín, de manera que el hecho de que los chinos hayan logrado este pacto es una mala señal para los intereses estadounidenses.

Eugenio García Gascón ha sido corresponsal en Jerusalén durante 29 años y es premio de periodismo Cirilo Rodríguez.