Gaza y el aislamiento de Israel

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

El 16 de septiembre el ejército israelí, siguiendo instrucciones de Benjamín Netanyahu, inició la ofensiva terrestre, debidamente apoyada por la aviación, contra la Ciudad de Gaza, uno de los últimos reductos palestinos de la Franja, donde ese día todavía vivían cientos de miles de personas, a quienes se ha recomendado que abandonen la zona y se vayan al sur.

La población de la Franja, en la actualidad unos 2,3 millones, vive concentrada en algunas zonas del sur en su mayor parte señaladas por el ejército israelí como seguras, aunque diariamente mueren allí decenas de civiles, incluso cuando van a buscar la escasa comida que Israel autoriza y distribuye entre la población por medio de una compañía estadounidense estrechamente vinculada a Israel.

Es evidente que el fin de Netanyahu es expulsar a los palestinos total o parcialmente, y todo indica que no va a detener sus operaciones hasta verlo cumplido. En medios militares se comenta que la operación en marcha tiene previsto durar hasta diciembre, aunque es una estimación que podría corregirse sobre la marcha y no cabe duda de que si es necesario, es decir si para entonces no se ha llevado a cabo la deportación “voluntaria” de los palestinos, las armas no se callarán.

El inicio de la operación se produjo solo un día después de que el secretario de Estado Marco Rubio llegara a Israel, es decir con el visto bueno de Washington. En los días previos se desarrolló en el país el enésimo debate acerca de la posible expulsión de los palestinos y de la anexión de grandes partes de la Cisjordania ocupada con el fin de acabar de una vez por todas con el sueño palestino.

En Washington han dicho que no vislumbran una solución de la crisis durante este año. De hecho, el último plan de paz presentado por el presidente Donald Trump todavía está teóricamente sobre la mesa de Netanyahu, quien ni siquiera se ha dignado a responder. No cabe duda de que el primer ministro está interesado en continuar la guerra hasta conseguir la deportación de la población.

Medios israelíes vienen hablando desde hace meses de países que podrían acoger a los expulsados, como Indonesia, Sudán o Libia, entre otros, países que recibirían beneficios económicos y políticos de Estados Unidos. Israel, por su parte, insiste en que solo plantea una salida “voluntaria” de los palestinos, y mientras bombardea sin descanso objetivos civiles incluso en las zonas que el mismo Israel ha declarado seguras para los refugiados.

En este contexto, no debería pasar desapercibida la insólita alocución que el primer ministro pronunció justo un día antes del inicio de la operación. Netanyahu profetizó que Israel se enfrenta a una campaña de desprestigio internacional impulsada por Catar y China, que forzará al estado judío a vivir en condiciones de “aislamiento” en el futuro más inmediato.

La profecía sostiene que la campaña internacional contra Israel es inevitable, un argumento que podría estar relacionado con las ambiciones israelíes de deportar a los palestinos masiva y “voluntariamente” a terceros países. También dijo que las crecientes minorías musulmanas que hay en Europa por primera vez están incidiendo en las negativas políticas de Occidente hacia el estado judío.

Parece que Netanyahu ha decidido continuar adelante con los planes de deportación masiva, una iniciativa que cuenta con el apoyo de la administración Trump, quien ha dicho que desea crear una Riviera en la Franja de Gaza. No hay que olvidar que una buena parte de los ministros de Netanyahu, como Smotrich o Ben Gvir, hablan regularmente de la deportación masiva y que sus palabras en ningún caso las corrige el primer ministro.

El ejército ha advertido que la operación podría significar la muerte de “decenas de soldados” durante poco tiempo, o incluso la muerte de algunos de la veintena de prisioneros que siguen en poder de las milicias de Hamás. Sin embargo, Netanyahu no atiende a quienes le piden que se concentre en el canje de prisioneros y en el final de la guerra.

Ciertamente, este quizá sea uno de los momentos más dramáticos para el estado de Israel desde su establecimiento en 1948, y el comportamiento de Netanyahu no ayuda a resolverlo de una manera relativamente pacífica. Sin duda, quienes tienen más que perder son los palestinos de la Franja de Gaza y de Cisjordania, aunque la imagen de Israel salga dañada durante algún tiempo.

La presencia de Trump en Washington impulsa a Netanyahu a seguir adelante con el fin de redimirse a sí mismo ante los ciudadanos judíos que hace dos años resultaron conmocionados con la operación de Hamás que dejó 1.200 muertos. Trump de momento está dando luz verde a cada una de las iniciativas de Netanyahu y esto no parece que vaya a cambiar.

Eugenio García Gascón ha sido corresponsal en Jerusalén 29 años. Es premio de periodismo Cirilo Rodríguez.

 

EUGENIO GARCÍA GASCÓN
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