Gestos de complicidad entre España y China con perspectiva europea

XULIO RÍOS

La reciente visita del ministro de exteriores chino, Wang Yi, a España ha dejado importantes mensajes. El primero, la mano tendida, la disposición a seguir impulsando la cooperación bilateral a todos los niveles. Para Beijing, España sigue siendo un “socio bueno y confiable”. La ausencia de conflictos es una característica destacada de las relaciones hispano-chinas. Persiste la buena sintonía política y diplomática. Y cuando pasamos página de los 50 años de relaciones bilaterales y se acercan los 20 años de la asociación estratégica integral, en ese momento de inflexión y reflexión, la propuesta es clara: Wang Yi manifiesta abiertamente la voluntad de China de incrementar la cooperación y de elevar los lazos bilaterales.

El anuncio del envío de una nueva pareja joven de pandas a España certifica simbólicamente la atmosfera positiva de esta visita, en la que mantuvo reuniones con su homólogo Albares, también con el presidente del Gobierno y con el Rey Felipe VI.

En segundo lugar, el contexto de la visita y los anuncios hechos por Wang Yi que han redundado en nuevas oportunidades para el sector agroalimentario español (en serias dificultades en los últimos tiempos) o el turismo (reforzado con la exención de visados), pero igualmente en el sector logístico (acuerdo entre BAIC y el puerto de Ferrol) o en materia de cooperación con países terceros (entre Telefónica y Ehang).

Las ventajas de la cooperación y las oportunidades que China puede brindar en un momento de cierto marasmo económico en Europa están bien a la vista de ambas partes. No obstante, el aprovechamiento dependerá del nivel de determinación aplicado a dicho empeño por cada una de ellas.

Actualmente, China es el primer socio comercial de España fuera de la Unión Europea, mientras que España es el quinto socio comercial de China dentro de la UE. El año pasado, el comercio bilateral anual de productos básicos superó por primera vez los 50.000 millones de dólares. España necesita avanzar en la moderación del déficit, impulsando la cooperación comercial y, yendo más allá, coordinando las estrategias de desarrollo.

En resumen, cabe constatar una firme voluntad de acotar el riesgo de descapitalización de la relación entre China y España, asegurando que esta siga a la vanguardia de los lazos con la UE. Para ello, nada mejor que apuntalarlas con una decidida determinación estratégica.

De España a Europa

En el debate existente en la UE a propósito de la relación con China, Beijing ha valorado siempre la actitud constructiva de Madrid. Partidaria tradicionalmente del diálogo y el acercamiento, España participa en la definición del consenso común comunitario y, al igual que China, aboga por fortalecer la autonomía estratégica de Bruselas. En esa perspectiva, la apuesta de China por ampliar la relación con España es idéntica a esa otra que sugiere la profundización de la relación con la UE.

Wang Yi, tras participar en la conferencia de seguridad de Munich, y con una agenda repleta de encuentros en Alemania y Francia ha trasladado a estos importantes países de la Unión la preocupación por el énfasis otorgado a la seguridad, hoy el argumento propicio para las apelaciones al desacoplamiento, dado que ello no responde a la realidad de la relación bilateral en su conjunto.

Por el contrario, una cooperación que afiance la interdependencia mutua constituye el mejor activo para avanzar en el establecimiento de consensos cada vez más amplios. En este sentido, importa especialmente reforzar la comunicación al más alto nivel. Esta actitud es particularmente procedente en un momento en que se vaticina una nueva ola de tensión comercial entre la UE y China por las importaciones de algunos bienes. No debiéramos pasar por alto las lecciones aprendidas en contenciosos pasados. Cada solución dialogada alcanzada refuerza la relación. Cada diferencia llevada al conflicto la debilita.

En el presente año, habrá elecciones en la UE y en EEUU. Para ambos actores, las relaciones con China son de extrema importancia. España, como también Alemania o Francia, economías todas ellas relevantes en la Unión, ha apostado tradicionalmente por enfoques realistas, pragmáticos y moderados. Estos son hoy más necesarios que nunca para evitar que las relaciones entren en una espiral de inestabilidad.

La idea de que las ventajas de la cooperación son muy superiores a la confrontación es un mensaje a destacar para la UE. Los gestos de buena voluntad han abundado en esta gira del ministro Wang Yi. España ansía gestionar de forma ventajosa la relación bilateral. Esa dinámica puede influir positivamente en el tono general de las posiciones comunitarias.

Con la guerra en Ucrania entrando en su tercer año, una economía en impasse y una incertidumbre creciente respecto al desenlace electoral en Washington el próximo noviembre con posible afectación del vínculo transatlántico, si Bruselas no quiere quedar fuera de juego y abocada a una inestabilidad creciente necesita trascender tanto los prejuicios como las falsas complicidades y explorar con ambición el horizonte de la relación con China.

Las posiciones de España y de la UE y China ante la compleja coyuntura internacional no están tan alejadas. La interdependencia no es un riesgo, es beneficiosa, y puede ofrecernos a todos un inspirador marco de trabajo creativo. Por otra parte, la cooperación es indispensable para poder afrontar con éxito los enormes desafíos que la sociedad mundial debe encarar en los próximos años, desde el salto tecnológico a la transición ecológica. Sin altura de miras, no podremos hacerlo bien. Y con una UE frustrada por no haber sido capaz de trazar de forma autónoma su propia hoja de ruta, menos aún.

Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China.

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