La China actual ha experimentado una serie de transformaciones desde que asume el poder el PCCh ya hace más de 75 años. Muchos de estos cambios son radicales entre sí, más aún considerando que se han llevado a cabo en una corta proporción de tiempo y que se han realizado bajo el mando del mismo partido gobernante. Esta situación, hace que no sea tan evidente clasificar las políticas establecidas por el PCCh en algún modelo económico teórico clásico.
Otra variable que hace difícil interpretar los nuevos cambios tiene que ver con que China utiliza la influencia de los modelos internacionales, aunque manteniendo sus propias estructuras y dinámicas socio-culturales. Más allá del proceso de modernización y auge del sector privado, China mantiene un sector público dominante en varios sectores de su economía. Se evidencia que el Estado conserva factores esenciales de un modelo socialista, pero ha ido incorporando gradualmente algunos elementos del libre mercado para activar su economía e integrarla a la escena internacional. Es difícil imaginar que China regrese al sistema comunista propulsado en los tiempos de la revolución.
La estrategia seguida por el PCCh expresa un claro intento de demostrar que el mercado, como instrumento de gestión de la economía, también puede funcionar en una sociedad no capitalista liberal o que cierta estructura de la propiedad no tiene por que impedir el establecimiento de un modelo económico eficaz de socialismo. China insertó el reconocimiento de la propiedad privada en la Constitución en 2004.
La mutación contemporánea del modelo chino nos remite a una transición inacabada, pilotada por un Estado-Partido particularmente poderoso. Esto choca, en primer lugar, con la concepción de que el comunismo o es o no es, es decir, no es reformable y cualquier veleidad representa una grieta que hace temblar los valores del sistema. El PCCh se apunta a las reformas, reformas que le hacen a cada paso no más débil sino más poderoso, al tiempo que sigue reivindicando un estado más social, moderno, sometido al imperio de la ley.
El PCCh es el motor del Estado en la sociedad china. La fusión Estado-Partido perpetúa el sistema en lo institucional con unas instancias de decisión supremas y a la vez flexibles. El PCCh moldea el sistema y afirma su nacionalismo al tiempo que alarga su militancia con base en la triple representatividad, que ya no solo es el proletariado o el campesinado, es el pueblo, es un partido de toda la sociedad. Es, en suma, la élite del país que organiza su vida en todos los aspectos, de forma que su amplio abarque dificulta que cualquier alternativa política a su magisterio pueda cuajar.
Por tanto, los intentos de categorizar a China en los esquemas teóricos occidentales resultan estériles por inadecuados en la medida en que no alcanzan a reflejar su originalidad y complejidad. Así podemos concebirlo a partir de la definición de tal o cual política como keynesiana o socialdemócrata o su modelo como de capitalismo de Estado. Y China no encaja porque su realidad, tan desconocida en el detalle, trasciende nuestras categorías. Ello es debido a que en gran medida ha inventado su propio modelo, un nuevo esquema de desarrollo económico, social y político, que tanto se nutre de la inspiración global, marxista en particular, como de su propia idiosincrasia cultural y civilizatoria.
No cabe ignorar el hecho de que todavía su economía se rija por planes quinquenales, o que es el Partido quien detenta el control de parcelas estratégicas de la economía, o que persevere en la supremacía del sector estatal sobre el privado o que instituya como fundamental el papel de la propiedad pública, estatal o colectiva, aspectos todos que son modulares en la concepción y ejercicio del PCCh. En político, promoviendo fórmulas genuinas que priman la consulta y la cooperación como vías para generar consensos y estabilidad.
Y todo ello subsiste sin absolutas rigideces dogmáticas, es decir, respondiendo a la coyuntura con un esquema general estable pero admitiendo variaciones en el equilibrio sustancial de modo que en determinadas circunstancias puede el sector privado ganar relevancia mientras que en otras es el sector público quien experimenta un mayor auge en función de lo que es definido como mejor para el interés general y la marcha de la economía.
La sinización del marxismo es, por tanto, una invocación a reinventar, adaptándolo, el marxismo en cada país, en cada época, partiendo de la investigación y de la sistematización de las aspiraciones sociales. Es el fin de cualquier automatismo de un modelo pretendidamente universal y de las copias a ciegas de los modelos extranjeros, hayan o no funcionado en una determinada realidad.
Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China.
PASCUAL SERRANO
El discurso de la Unión Europea, desde su Comisión Europea a los gobiernos alemán, francés o español, es que debemos ayudar a los ucranianos a ganar la guerra y no permitir que pierdan territorio frente a la invasión rusa. Más o menos, el mismo razonamiento del gobierno estadounidense y de la OTAN. La opción de sentarse a negociar con Rusia para terminar la guerra lo antes posible y, si fuera necesario, hacer concesiones territoriales parece que es sinónimo de acusación de complicidad con Putin.
Pues bien, alguien parece que le ha preguntado a los ucranianos para saber qué piensan. Ha sido la encuestadora estadounidense Gallup y ha descubierto que precisamente esto último es lo quiere la mayoría: acabar la guerra cuanto antes, incluso con concesiones territoriales a Rusia.
PASCUAL SERRANO
Que haya una escisión en la izquierda no es nada excepcional, lo novedoso de esta es que la salida se hace hacia la izquierda, la lideran políticos tan carismáticos como la diputada Sahra Wagenknecht (fue vicepresidenta del partido y es esposa del histórico líder de izquierda Oskar Lafontaine) y las encuestas le dan una intención de voto de hasta el 14%, lo que supondría el cuarto puesto, tan solo por detrás de los democristianos de la CDU, los ultras de AfD y pisándole los talones a los socialdemócratas del SPD.
EUGENIO GARCÍA GASCÓN
Cuando falta menos de un año para las elecciones de noviembre de 2024 en EEUU, el presidente Joe Biden insiste en mantener su apoyo incondicional a Israel en la guerra de Israel contra la totalidad de la Franja de Gaza, y no solo contra Hamás, una actitud que puede costarle al partido demócrata un buen puñado de votos, especialmente entre los jóvenes.
Un sector importante de los votantes de Biden, y no solamente jóvenes, ven con disgusto las imágenes que a diario transmiten las televisiones con mujeres y niños palestinos heridos o muertos por las bombas que Estados Unidos envía a Israel mediante un puente aéreo que funciona con la exactitud de un reloj suizo las veinticuatro horas del día.
EUGENIO GARCÍA GASCÓN
La erosión de la independencia judicial y de la libertad de prensa, señalada a menudo por observadores húngaros y extranjeros en los últimos años, ha convertido a Viktor Orbán en un líder nacionalista y populista cada día más alejado de la democracia liberal. No es un caso excepcional que el primer ministro de Hungría desde 2010 haya optado por un choque frontal con la idea liberal de Europa dominante hasta ahora, ni que desde Budapest fomente su ideario por todo Occidente, siendo su principal aliado el israelí Benjamín Netanyahu.
MIGUEL MOLLEDA
El periodismo internacional debería estar escarmentado de lo ocurrido con la guerra de Irak en 2004. Las mentiras y la manipulación de las noticias por parte de Estados Unidos y su “coalición de voluntarios”, entre ellos España, alcanzaron niveles desconocidos desde la guerra de Vietnam en los años 60 del pasado siglo.
XULIO RÍOS
La visita del secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, a China tiene como principal mérito el haber recuperado cierta normalidad en el diálogo bilateral, poniendo de manifiesto que hay un relativo potencial para el alivio de las tensiones.
También parece haber allanado el terreno y despejado algunas incógnitas a propósito del desempeño bilateral en algunas cumbres que se avecinan como la del G20 en India (en septiembre) o la de la APEC (en noviembre) en EEUU, que destacan en la agenda del segundo semestre del año.