Laura Lanuza, portavoz de Open Arms: el Mediterráneo es una gran fosa común para los migrantes

JAYRO SÁNCHEZ

Laura Lanuza es una de las más veteranas activistas y la responsable de comunicación de la organización humanitaria OpenArms, que nació en el año 2015 de la mano del socorrista y empresario español Óscar Camps con el objetivo de proteger las vidas de las personas abandonadas en aguas internacionales que huyen de conflictos bélicos, persecución o pobreza. Hablamos con ella sobre el aumento de las muertes de inmigrantes en el mar Mediterráneo.

Sólo desde el comienzo de este año, 327 personas han perdido la vida intentando cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa. La cifra es espeluznante, pero solo refleja una pequeña parte de la gran tasa de mortalidad que encierran sus aguas desde hace años. ¿Se puede calcular el número exacto de víctimas?

No, es imposible. Sabemos que en los últimos diez años han fallecido más de 26.000, pero es muy difícil dar un número preciso de defunciones porque hay veces en las que no aparece el cadáver y en las que tampoco podemos obtener un testimonio directo sobre la muerte de un determinado individuo.

Asimismo, hay casos en los que los supervivientes de los naufragios nos cuentan que su embarcación navegaba junto a otras con el mismo destino, aunque nunca se descubren los restos de estas últimas. El mar se traga los cuerpos. En cualquier caso, el número de decesos debe ser muy elevado.

CUANDO NO HAY IMÁGENES, LAS MUERTES SE VUELVEN INVISIBLES. NO DUELEN

El último rescate del que hemos tenido noticia se dio el 26 de febrero en la costa meridional italiana. 200 personas viajaban en una goleta que chocó con un banco de arena. Los guardacostas solo pudieron salvar a 80. ¿Por qué este hecho no ha acaparado las portadas de los principales periódicos españoles?

Es cierto que, tanto el domingo como el lunes, los principales diarios de tirada nacional no han primado su publicación sobre la de otros acontecimientos. Sin embargo, algunos medios de comunicación sí que han abierto sus informativos con la emisión de esta tragedia.

El tema ha ido cobrando mayor importancia mediática a medida que las aguas escupían más cadáveres. El problema es que este solo es uno de los muchos naufragios que sufre a diario el Mediterráneo. Y, cuando no hay imágenes, las muertes se vuelven invisibles. No duelen.

El hecho de que los cuerpos llegaran arrastrados por la corriente hacia las playas junto con los restos del barco, entre los que había biberones y ropa de bebé, ha impactado a los periodistas italianos… Es una pena que en España no haya tenido tanta repercusión.

Allí ha causado mucha indignación, ya que muestra las graves consecuencias de la legislación aplicada por el Gobierno ultraderechista italiano.

Su primera ministra, Georgia Meloni, ha declarado que siente un «profundo dolor» por las víctimas. A pesar de ello, está decidida a obstaculizar las tareas de rescate en las zonas marítimas que están bajo la soberanía de Roma. ¿Por qué?

Porque instrumentaliza el dolor de las personas más vulnerables en el mar como una herramienta política. Desde los tiempos de Matteo Salvini, se ha utilizado el discurso contra la inmigración para conseguir votos. La propaganda de la ultraderecha se basa en la estrategia de hacer que la gente sienta miedo ante lo desconocido.

Por eso, sus representantes afirman que las personas que están cruzando el Mediterráneo en estas condiciones quieren invadir Italia. Tantas falacias y bulos solo sirven para asegurar sus escaños. Son políticos, y están de paso. Lo triste es que se van a llevar por delante miles de vidas. Es evidente que el naufragio de Crotona no será el último que se produzca.

La legislación promulgada hace dos semanas por el Ejecutivo italiano afecta a OpenArms, al ser esta una ONG. ¿De qué manera lo hace?

Nos impide hacer nuestro trabajo, que es proteger la vida de los más vulnerables en el mar. En el momento en que cualquiera de los activos de las organizaciones que operamos en aguas italianas hace un rescate, se le asigna de forma automática un puerto que está lo más lejos posible del sur de Italia o Sicilia.

Así, Meloni y sus ministros se aseguran de que los que nos dedicamos al salvamento de los migrantes estemos fuera de la zona de llegada de sus embarcaciones durante al menos ocho días, entre que vamos y volvemos. Eso también nos supone un importante desgaste económico.

Al final, quienes se llevan la peor parte son las personas que viajan en las pateras, pues el trayecto marítimo es la última etapa de un larguísimo viaje plagado de dolor, torturas y todo tipo de abusos que se ven forzados a hacer. Me parece muy grave que se les inflija un sufrimiento innecesario por intereses políticos…

LOS GOBIERNOS ESTÁN CONSTRUYENDO MUROS CADA VEZ MÁS ALTOS

Varios de los Estados miembros de la Unión Europea (UE), e incluso la propia organización a nivel general, no parecen preocuparse demasiado por las muertes de migrantes en el Mediterráneo. ¿Por qué no hacen nada?

En realidad, sí que lo están haciendo, pero para mal. A través de Italia, la UE está usando a una milicia libia para devolver a los inmigrantes al mismo infierno del que huyen. Los gobiernos están construyendo muros cada vez más altos para separar el norte de África de Europa.

¿Qué medidas reclamaríais a las autoridades europeas?

La ejecución de una operación de salvamento civil o militar que tenga como máxima prioridad la protección de la vida. Italia puso en marcha hace muchos años la operación Mare Nostrum, pero tenía un coste altísimo. Cuando pidió ayuda para continuar con ella, Europa le dio la espalda.

En su lugar, inició otra de tipo militar que tuvo varios nombres: Sofía, Tritón… Lo que queda de ella son los aviones de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), que no pueden hacer gran cosa desde el aire si no hay barcos en el mar.

Hasta 2018, las ONG que operábamos en el mar estábamos bajo coordinación de la Guardia Costera italiana. Aunque a día de hoy pueda parecer una fantasía, eran sus miembros quienes nos señalaban las embarcaciones en peligro. Así, nosotros podíamos ir a rescatarlas.

Todo cambió cuando Salvini llegó al poder. A partir de ese momento, nos han dejado sordos y ciegos. A pesar de que ellos tienen las herramientas para controlar y escanear todo el mar, no nos dan acceso a esa información. A veces, incluso, nos mienten.

¿Cuáles son las principales rutas migratorias hacia Europa?

Las personas que rescataron en Sicilia el pasado domingo se habían embarcado en Turquía. En su inmensa mayoría, provenían de países como Irán, Afganistán o Pakistán, de cuyos cruentos conflictos estamos bien informados a través de los medios. Solo pudieron salir de allí de manera ilegal, a través de mafias. Esto demuestra que las vías de migración legales y seguras que reclamamos desde hace tanto tiempo no existen.

En cuanto a las rutas, la más importante ahora mismo es la del Mediterráneo central. Las embarcaciones salen de Libia o Túnez, y, desde hace unos años, también de Turquía. Otra muy activa es la de África Occidental, que finaliza en las islas Canarias.

Las mafias se mueven mucho más rápido que los Gobiernos europeos. Lo que estos hacen es pagar dinero a terceros países para controlar sus fronteras sin exigirles que respeten los derechos humanos. Véanse los ejemplos de Marruecos, Libia o Túnez, entre muchos otros. Esto facilita la tarea de los mafiosos: buscar grietas en las fronteras.

EL DESIERTO DEL SÁHARA ES OTRA TUMBA GIGANTESCA PARA LOS MIGRANTES

¿Las organizaciones dedicadas al tráfico de personas son las que gestionan las rutas?

No tenemos nombres concretos. Solo los testimonios de las personas que nos relatan su viaje. Sabemos que los traficantes juegan con la desesperación de los inmigrantes a cambio de elevadas ganancias, así como que no les ofrecen ningún tipo de garantías. Los que llegan al mar ya son unos verdaderos supervivientes, porque su periplo empieza a kilómetros de distancia. Muchos de ellos ya pierden la vida en el camino. Si el Mediterráneo es una gran fosa común, el desierto del Sáhara es otra tumba gigantesca para ellos.

Sé que puede parecer una pregunta muy recurrente, pero, ¿por qué deciden los migrantes venir en esas condiciones?

La ultraderecha difunde el relato de que las ONG que estamos en el mar provocamos un ‘efecto llamada’. Pero nosotros no somos un imán. Gran parte de estas personas huyen de los 65 conflictos armados que se están desarrollando actualmente en el mundo.

Cuando bombardean tu casa, estás perseguido por tu condición sexual o religión, o van a practicar la ablación sobre tu cuerpo, quieres irte. Y si no te proporcionan unas vías legales y seguras para pedir protección o asilo desde tu país de origen, vas a ponerte en manos de las mafias.

Además, el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice con claridad que «toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado, y toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar». Por lo tanto, no tenemos que preguntar a nadie sus motivos.

Sin embargo, el imaginario que los migrantes tienen de Europa no es el que se van a encontrar después de una llegada irregular. No encuentran trabajo y oportunidades, sino una valla, un centro de internamiento de extranjeros (CIE) y, muchas veces, la deportación.

Antes explicabas que vuestra labor consiste en proteger la vida de los más vulnerables en el mar. ¿Con qué materiales contáis para ello?

En la actualidad, poseemos tres embarcaciones. Solo dos están activas, porque el gasto es ingente. El OpenArms I es nuestra última adquisición, y está preparado para el rescate masivo. Es un barco de 20 años con capacidad para 1.000 personas y 26 camas de hospital. Sus instalaciones no solo facilitan las tareas de salvamento, sino que devuelven la dignidad a las personas que rescatamos, acomodándolas lo máximo posible en el trayecto que realizan con nosotros. Además, tenemos cuatro lanchas neumáticas rapidísimas para llegar hasta los lugares donde se hunden las pateras.

El OpenArms I está ahora mismo en el puerto de Barcelona. No nos han puesto ninguna facilidad para que el barco pueda salir a navegar. Los obstáculos administrativos han hecho que nos retrasemos mucho, pero confiamos en salir en un par de semanas como máximo.

¿Quiénes intervienen en el funcionamiento diario del barco cuando este está en alta mar?

Nuestro activo pertenece a la Marina Mercante, tiene bandera española y, siguiendo la legislación correspondiente, su tripulación mínima se compone de unas 14 personas: personal de máquinas, capitán, primer oficial, segundo oficial, cocinero, marineros…

Por otro lado, para realizar las misiones de rescate hay otros 14 voluntarios: doctores, enfermeros, una matrona, socorristas, patrones para las lanchas y un mediador cultural. Este último es importante en cuanto a la atención psicológica y comunicativa, pues las personas que rescatamos pertenecen a un montón de países y culturas distintas.

Jayro Sánchez es periodista.