Milei va por todo y contra todos

CECILIA VALDEZ

En estos casi 4 meses de gobierno, Javier Milei, el presidente de Argentina, arremetió contra todo. Ganó las elecciones con un estilo disruptivo, y de outsider, que ha sabido mantener, aún a costa de sus propios planes de gobierno.

El enfrentamiento con los gobernadores, con integrantes de la “oposición dialoguista” (todo lo que no es peronismo/kirchnerismo), y con legisladores de casi todas las fuerzas que no están englobadas en Propuesta Republicana (el partido del ex presidente Mauricio Macri), su gran aliado, le valieron la caída de sus principales proyectos, con los que pretende una reforma completa del Estado y la economía: el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), que todavía debe ser revalidado en la Cámara de Diputados, y la ley Ómnibus.

Si bien su particular estilo le sirvió a Milei para ganar las elecciones en un contexto de descrédito total de la clase política, y en medio de una de las peores crisis económicas de las que se tenga registro, muchos dudan de su falta de cintura política para negociar y hacer concesiones, y de sus modos confrontativos. Sin embargo, y pese a todo, desde el gobierno insisten en que ni los golpes, ni las derrotas en manos de la oposición, los van a obligar a cambiar su rumbo.

Aunque durante su campaña Milei anunció un ajuste en la economía, también dejó claro que ese ajuste lo pagaría la casta, o sea, los sectores privilegiados. Pero a lo largo de estos meses, la casta fue mutando en su composición, y tomó la forma del Congreso, el Estado o gran parte de la población, es decir, los distintos actores hacia los que viene apuntando (y disparando) todos sus cañones. 

Economía

Por otra parte, el ajuste que le permite al gobierno de La Libertad Avanza (LLA) esgrimir sus mayores logros: superávit fiscal y desaceleración de la inflación (25,5% en diciembre, 20,6% en enero y 13,2% en febrero), también le supone una de sus mayores amenazas, dado que esos “logros”, que sirven para ordenar la macro economía, también implican un acelerado empobrecimiento de las clases medias y bajas, que ya venían fuertemente golpeadas del anterior gobierno. 

Es decir, el superávit esconde un ajuste que ha frenado el consumo, destruye los salarios, aumenta tarifas, castiga a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad: los jubilados, y alimenta una bomba de tiempo en un país donde más de la mitad de la población es pobre (57%).

Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el ingreso promedio de los asalariados formales ya está por debajo de la línea de la pobreza. Los jubilados, por su parte, representan la principal variable de ajuste del gobierno -un 35% del total del ajuste en febrero-, y las ventas en farmacias cayeron un 46%. En este sentido, proliferan los testimonios que señalan que una gran parte de los jubilados, deben optar por comprar alguno de los medicamentos que necesitan, debido a que sus haberes no les alcanzan para financiar todos sus gastos. Asimismo, pacientes oncológicos, de enfermedades crónicas y autoinmunes, denunciaron que el gobierno también cortó prestaciones esenciales y tratamientos. 

En ese contexto, y pese a que Milei le pide un fuerte sacrificio a la población en aras de mejoras futuras en la economía, muchos de quienes lo apoyaron (y lo apoyan), comienzan a cuestionar los plazos. El presidente prometió que en unos dos años podrían estar saneadas las cuentas y verse reflejados los resultados, pero una buena parte de la población ya no tiene margen para seguir ajustando (y aguantando), y comienza a impacientarse.

Los aumentos en el combustible, las prepagas (seguro médico), los medicamentos, la comida, el transporte, los útiles escolares, y un largo etcétera, vienen teniendo un impacto brutal en los bolsillos de los ciudadanos. Y si a esto se le suman los constantes despidos de trabajadores estatales, la suspensión de operarios en las fábricas, el dejar sin alimentos a comedores comunitarios, el cierre y/o el desfinanciamiento de organismos como el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación y el Racismo), Télam (la agencia estatal de noticias), o el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), no sólo se infiere un ajuste en las cuentas públicas, que se justifica en base a que el Estado funcionaba como un “aguantadero” de kirchneristas/peronistas, sino que el objetivo es el Estado mismo. 

Hace algunos días, Milei anunció 70 mil despidos de trabajadores del Estado, y se jactó de haber echado 50 mil desde el comienzo de su gestión. En el inicio de un fin de semana extra largo (6 días), el gobierno anunció la baja de 15 mil contratos y muchos trabajadores de distintas dependencias públicas empezaron a recibir los telegramas de despido. Se trata, en su mayor parte, de contratos que vencieron en diciembre, pero que fueron prorrogados -para ser auditados-, por 3 meses el 31 de diciembre pasado.

El vocero presidencial, Manuel Adorni, señaló que el resto de los contratos serán prorrogados 6 meses más mientras se los continúa analizando. Cientos de trabajadores del Estado, muchos con contratos de más de 20 años, es decir, que arrastran una situación de precariedad histórica como empleados estatales, conviven desde hace meses con la amenaza diaria de perder sus puestos de trabajo.

La oposición 

Definir la oposición al gobierno de Javier Milei no es tarea fácil porque, sí hay algo que caracteriza al gobierno de La Libertad Avanza, es que, en estos 4 meses de gobierno, ha cosechado enemistades por doquier. Si bien el gobierno inició su mandato enfrentado a su principal oponente en las urnas: el peronismo, y a las fuerzas de izquierda, que se opusieron de buenas a primeras a un gobierno de carácter ultraderechista, pronto ese espectro se fue ampliando hasta incluir a una buena parte de los que en un principio fueron considerados posibles aliados.

La luna de miel de Milei con las fuerzas políticas que se denominaron “oposición dialoguista”, por su buena disposición al diálogo, duró poco. La velocidad con la que Milei aplicó medidas de ajuste que, a otros gobiernos, generalmente, les lleva años, ocasionó un fuerte enfrentamiento con los gobernadores que se opusieron al recorte de fondos a las provincias, y esto terminó de sellar la suerte de sus dos políticas estrella: la ley Ómnibus y el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU). A este último, luego de haber sido rechazado en el Senado le espera un segundo asalto en Diputados donde se terminará de definir si se lo ratifica o se lo rechaza, pero mientras tanto seguirá vigente.

Sea como sea, para poder llevar adelante su plan económico, el gobierno tomó la decisión de desfinanciar a las provincias y eso le supuso un fuerte enfrentamiento con casi todos los gobernadores, y que los legisladores provinciales que responden a ellos votaran en contra de sus proyectos en el Congreso. A partir de ese momento, Milei los definió como enemigos y, aunque luego hizo un intento de acercamiento al llamar al diálogo mediante el denominado Pacto de Mayo, el rechazo del DNU en el Senado no hizo más que tensar aún más la relación.

Por el lado de la Ley ómnibus: “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, cuyo texto original constaba de más de 600 artículos que proponían una reforma total del Estado, y que el gobierno decidió retirar de la discusión parlamentaria debido al rechazo de muchos de sus artículos en la Cámara de Diputados, ahora será tratada nuevamente, pero en una versión mucho más reducida. Aun así, y mientras algunos funcionarios del oficialismo negocian contrarreloj con los gobernadores, con el objetivo de asegurarse los votos que necesitan para no sumar una nueva derrota, Milei no deja de añadir más leña al fuego ý sigue criticando de forma pública a los mandatarios provinciales.

Uno de los principales obstáculos a los que se enfrenta la gestión de gobierno de LLA es la poca cantidad de legisladores con que cuenta en ambas cámaras (8 diputados de 257 y 7 senadores de 72), lo que lo obliga a negociar casi todo. Pese a ello, la decisión de Milei parece ir en la dirección contraria, ya que, por fuera de su aliado incondicional, Propuesta Republicana (PRO), prácticamente no ha sabido/querido/podido establecer alianzas. Si bien, tanto Hacemos Coalición Federal (un rejunte de distintas fuerzas que se ubican al centro), como la histórica Unión Cívica Radical (UCR) y otras fuerzas provinciales, recurrentemente manifestaron sus intenciones de apoyar las medidas de gobierno, Milei no ha hecho más que buscar la confrontación. 

Quienes tampoco parecen encontrar un rumbo son los peronistas, cuyas internas no hacen más que ahondarse. Mientras sus principales referentes (Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner, Sergio Massa, etc.) permanecen en las sombras, Axel Kicillof, al frente de la gobernación de la provincia de Buenos Aires (que concentra el 37% del padrón electoral), hace malabares para mantener su política de gobierno. El peronista se ve obligado a negociar con el gobierno nacional, pero también a mantenerse, y mostrarse, como un contrapunto que le permita erigirse como alternativa, y principal oposición, de cara a las próximas elecciones.

La polarización (y la crueldad) avanza, con Milei a la cabeza

El resultado de las elecciones de noviembre pasado en Argentina, que le valieron la presidencia a Javier Milei, y a su partido, La Libertad Avanza, con un 56% de los votos, también dejó un escenario de profunda polarización que no ha hecho más que profundizarse. La sociedad se divide hoy entre quienes sostienen la necesidad de aguantar el ajuste económico del gobierno, en aras de un futuro promisorio, y quienes se oponen de manera tajante a las decisiones tomadas por el ultraderechista en estos casi 4 meses de gobierno. La novedad es que también empieza a crecer una franja que, aunque lo voto, no ve viable (aun queriendo) soportar el enorme sacrificio que demanda Milei. De hecho, una buena parte de la población admite haber tenido que hacer recortes en sus gastos corrientes, pero, aunque algunos lo justifican señalando que antes (sobre todo durante el kirchnerismo), se gastaba más de lo que se tenía, otros ven con espanto el deterioro acelerado y fulminante de sus ingresos. 

Milei insistió en campaña con que todo lo que podía ser privatizado sería privatizado, pero su cruzada anti estatista incluye, también, un regocijo inusitado cada vez que son despedidos trabajadores, o se amenaza con el cierre de organismos emblemáticos como el INCAA. Lo sucedido con el INCAA es bastante paradigmático de la situación que se vive en Argentina, y ocasionó el repudio de un amplio abanico de voces que no suelen manifestarse políticamente, puesto que es una institución que es autárquica, o lo que es lo mismo, se autofinancia, y cuenta con un amplio reconocimiento internacional.  

Pero lo de Milei con las redes sociales merece un capítulo aparte. El presidente no sólo ha admitido ser él mismo el que administra sus redes sociales, sino que lo hace en un tono abiertamente violento y confrontativo. Sin ir más lejos, durante su enfrentamiento con los gobernadores, Milei publicó una imagen editada donde se lo ve al gobernador de Chubut, Ignacio Torres, rodeado de periodistas y con la leyenda “se están follando al gobernador de Chubut, Torres”. También le dio “me gusta” a una imagen de Torres que lo comparaba con un joven con síndrome de Down.  

Lo otro que llama la atención es la enorme cantidad de tiempo que Milei dedica a las redes sociales, fundamentalmente a X (ex Twitter). En relación a ello, un programador creó una página web (https://milei.nulo.in/) que registra minuto a minuto, el tiempo que el libertario pasa interactuando en redes. A través de X, y de la cuenta oficial “Oficina del Presidente”, se vienen comunicando muchas de las decisiones de gobierno. Además, Milei utiliza su cuenta personal para atacar a todo tipo de personalidades públicas, y un ejército de trolls suelen respaldar sus embestidas.  

Impacto

Pese a todo, las encuestas ya empiezan a mostrar un retroceso en los apoyos al gobierno y a Milei. El último informe realizado por la encuestadora Zuban Córdoba, a propósito de los 100 días de gobierno, concluye que 7 de cada 10 argentinos han visto empeorar su situación desde que LLA llegó a la Casa Rosada, un 57,3% tiene una imagen negativa de Milei (la de Cristina Kirchner es 62,9%), y un 88% cree que el ajuste no lo paga la casta, sino que “lo estamos pagando todos”. 

Otro frente de tormenta que debió soportar el ultraderechista estos últimos días, es el recrudecimiento de la interna con su vicepresidenta, Victoria Villarruel. La relación entre el presidente y su vice nunca fue buena, pero la gestión de gobierno acrecentó las diferencias. Hace algunas semanas, cuando Villarruel, que también cumple el rol de titular del Senado, autorizó el tratamiento del DNU en la Cámara de Senadores -que provocó su rechazo-, y se mostró contraria a la decisión del presidente de dar marcha atrás con el aumento de salarios para los legisladores y los altos funcionarios del ejecutivo, Milei la atacó a cielo abierto y, lo que venía siendo un secreto a voces, ya no lo fue más. Por lo demás, y aunque esta misma semana se tomaron una foto abrazados queriéndole bajar el precio a la situación, en la noche del jueves, Villarruel dio la primera entrevista desde que asumió el cargo y se despegó de Milei en varios temas de la agenda pública.

Villarruel, con una larga trayectoria política, vio cómo, a los pocos días de asumir, la promesa de que quedarían bajo su órbita las áreas de Defensa y Seguridad, hizo agua cuando el presidente decidió nombrar en el ministerio de Seguridad a Patricia Bullrich (Propuesta Republicana) y en el de Defensa, a Luis Petri (Unión Cívica Radical). A partir de allí, los rumores de sus reuniones con el ex presidente Mauricio Macri, no pararon de crecer. La vicepresidenta también es conocida por su militancia en grupos que se denominan de memoria completa, y que reivindican abiertamente el terrorismo de Estado y a sus perpetradores. 

Marcar agenda

Si hay algo que Milei ha sabido hacer en estos casi 4 meses de gobierno, es marcar agenda. Ya sea por su particular estilo, su presencia provocadora en las redes, el ajuste brutal con el que lleva adelante su plan de gobierno, sus alianzas internacionales -particularmente con EEUU e Israel-, las fracturas de la oposición -que le impiden mostrar un discurso unificado-, o sus constantes peleas con otros legisladores, con los gobernadores provinciales, con artistas de muy alto perfil, y hasta con el Papa, Milei ha conseguido ser el centro de todas las miradas. Pese a todo, en términos políticos, lo único claro, por ahora, es que en la historia argentina ningún gobierno se animó a tanto en tan poco tiempo. 

Casi como si no hubiese dejado atrás el traje de candidato, y se hubiese colocado el de primer mandatario, el presidente también sorprende al no dejar casi espacio al acuerdo, y hace que muchos se pregunten hasta cuándo podrá sostener esta situación. De momento, se puede inferir que el 10 de diciembre pasado, cuando decidió dar su discurso de investidura de espaldas al Congreso, eso supuso toda una declaración de principios y casi una declaración de guerra hacia la mayoría de sus integrantes.

Sin embargo, la gran incógnita es si la sociedad argentina podrá encontrar alguna respuesta coordinada para tamaña embestida. De momento, lo que se ve son reacciones a tientas y desperdigadas, pero que responden a una memoria y un bagaje histórico de lucha, resistencia y organización popular, que representan quizás el mayor capital del que puede echar mano la sociedad argentina.

Cecilia Valdez es periodista argentina.

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